Enviar un correo electrónico es una actividad tan cotidiana que pocas veces pensamos en todo lo que implica. Escribimos un mensaje, agregamos destinatarios, adjuntamos algún documento y presionamos “Enviar”. Sin embargo, detrás de una acción que toma apenas unos segundos también existen decisiones relacionadas con la privacidad, el respeto y el uso responsable de la información.

La ética digital no solamente tiene que ver con grandes temas tecnológicos. También está presente en acciones sencillas que realizamos todos los días, y el correo electrónico es un buen ejemplo.

Antes de enviar, vale la pena revisar

¿Alguna vez has enviado un correo y segundos después te das cuenta de que faltó el archivo adjunto? Es algo común. Pero también puede ocurrir algo más delicado: enviarlo a la persona equivocada, compartir información que no correspondía o dejar visibles las direcciones de correo de muchas personas.

Por eso, antes de presionar “Enviar”, unos segundos de revisión pueden hacer una gran diferencia.

Conviene preguntarnos:

  • ¿Las personas que aparecen como destinatarias realmente necesitan recibir esta información?
  • ¿El documento adjunto es el correcto?
  • ¿El archivo contiene información personal, interna o sensible?
  • ¿Estoy incluyendo a alguien en copia únicamente porque necesita estar enterado?
  • ¿Es necesario que todas las personas puedan ver las direcciones de los demás?

No se trata de complicar el uso del correo, sino de utilizarlo con mayor atención.

CC y CCO: pequeñas opciones, grandes diferencias

Los campos CC (Con Copia) y CCO (Con Copia Oculta) tienen una función específica y utilizarlos adecuadamente también forma parte de una comunicación responsable.

Cuando enviamos un mensaje a muchas personas utilizando los campos Para o CC, sus direcciones pueden quedar visibles para todas las personas que reciben el correo.

En determinadas situaciones esto puede ser completamente normal. En otras, especialmente cuando los destinatarios no necesitan conocerse entre sí, utilizar CCO puede ayudar a proteger su privacidad.

Una dirección de correo electrónico también es un dato que debemos tratar con cuidado.

Reenviar no siempre significa que podemos compartir

Recibir información por correo no significa automáticamente que podamos reenviarla a cualquier persona.

Un mensaje puede contener conversaciones previas, documentos, nombres, teléfonos, datos personales o información que originalmente fue enviada para un grupo determinado.

Antes de reenviar un correo podemos hacernos una pregunta muy sencilla:

¿La persona que me envió esta información esperaría que yo la compartiera con alguien más?

En muchas ocasiones, esta simple reflexión puede ayudarnos a tomar una mejor decisión.

También importa cómo escribimos

La ética digital no se limita a proteger datos. También tiene que ver con la manera en que nos comunicamos con otras personas.

Detrás de cada dirección de correo hay una persona.

Un mensaje escrito rápidamente puede interpretarse de manera distinta a como lo imaginamos. Leer nuevamente lo que escribimos antes de enviarlo puede ayudarnos a identificar expresiones que podrían resultar poco claras, innecesariamente duras o fuera de contexto.

Ser respetuosos en los medios digitales es tan importante como serlo en una conversación presencial.

El correo institucional también representa una responsabilidad

Cuando utilizamos una cuenta institucional no solamente estamos utilizando una herramienta tecnológica. Estamos utilizando un medio de comunicación relacionado con nuestras funciones y con la institución a la que pertenecemos.

Por ello, debemos procurar utilizarlo de manera responsable, cuidar la información que compartimos y recordar que los mensajes enviados desde una cuenta institucional pueden formar parte de procesos, antecedentes o comunicaciones oficiales.

La ética digital está en los pequeños detalles

No necesitamos realizar una acción extraordinaria para practicar la ética digital.

A veces comienza con algo tan sencillo como detenernos unos segundos antes de enviar un correo, revisar los destinatarios, proteger la información de otras personas o preguntarnos si realmente debemos reenviar un mensaje.

La tecnología nos permite comunicarnos de manera inmediata. Utilizarla con responsabilidad depende de nosotros.

La próxima vez que estés a punto de presionar “Enviar”, quizá valga la pena hacer una última pregunta:

¿Estoy compartiendo esta información con las personas correctas y de la manera correcta?

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